jueves, febrero 09, 2012
Rafael Sánchez Ferlosio
PRÓLOGO
(Campana vespertina)
Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos;
vendrán más años ciegos
y nos harán más malos.
Vendrán más años tristes
y nos harán más fríos
y nos harán más secos
y nos harán más torvos.
(Campana vespertina)
Vendrán más años malos
y nos harán más ciegos;
vendrán más años ciegos
y nos harán más malos.
Vendrán más años tristes
y nos harán más fríos
y nos harán más secos
y nos harán más torvos.
lunes, mayo 30, 2011
Thomas Mann
LA MONTAÑA MÁGICA
Hans Castorp subió los altos escalones y llegó a la selva de columnas. Ésta era muy profunda y paseó por ella como entre los troncos del bosque de cedros, evitando el centro. Pero volvía siempre y se encontró en un lugar donde las hileras de columnas se separaban ante un grupo de estatuas, de dos figuras de mujer talladas en piedra, sobre un zócalo, al parecer la madre y la hija: una sentada, de más edad, más digna, muy clemente y divina, pero con los párpados tristes sobre sus ojos vacíos y sin pupilas, envuelto en una túnica de pliegues, cubiertos con un velo sus cabellos ondulados de matrona: la otra de pie, enlazada maternalmente por la primera, con un rostro redondo de muchacha, los brazos y las manos juntos y ocultos entre las ondas de su pelo. Mientras Hans Castorp contemplaba el grupo, su corazón, por oscuras razones, se hacía más pesado, más angustiado, más cargado de presentimientos. Apenas se atrevía -y era preciso, sin embargo-, a rodear esas figuras para franquear, tras ellas, la segunda doble hilera de columnas; la puerta de bronce del santuario estaba abierta y las rodillas del desgraciado vacilaron ante el espectáculo que descubrió su vista. Dos mujeres de cabellos grises, medio desnudas, de senos colgantes y pezones tan largos como dedos, se entregaban allá dentro, ante las llamas del brasero, a espantosas manipulaciones. Sobre una crátera descuartizaban a un niño, lo descuartizaban en medio de un silencio salvaje, con sus manos -Hans Castorp veía los finos cabellos rubios manchados de sangre- y devoraban los pedazos haciendo crujir los pequeños huesos dentro de sus bocas, mientras la sangre rezumaba por sus espantosos labios. Un estremecimiento helado inmovilizó a Hans Castorp. Quiso taparse los ojos con las manos pero no lo consiguió. Quiso huir y no pudo. Ellas, que le habían visto, sin suspender su abominable trabajo, agitaron sus puños ensangrentados y le injuriaron sin voz, con la mayor grosería, en términos obscenos, y eso en el idioma del país de Hans Castorp. Se sintió mal, peor que nunca. Desesperadamente quiso huir de aquel lugar y, al hacer un esfuerzo, cayó junto a la columna. Con los oídos llenos de aquellas horribles palabras, se encontró apretado contra la cabaña, caído en la nieve, con la cabeza apoyada y los esquíes tendidos delante de él.
viernes, agosto 06, 2010
Giacomo Leopardi
ZIBALDONE
No hay quizá nada que tanto consuma y abrevie o haga en el futuro infeliz la vida, como los placeres. Y por otro lado la vida no está hecha más que para el placer, porque no está hecha sino para la felicidad, la cual consiste en el placer, y sin ella la vida es imperfecta, porque carece de su fin, y es una continua pena, porque ella es naturalmente y necesariamente un continuo y nunca interrumpido deseo y necesidad de felicidad, es decir, de placer. ¿Quién me sabe explicar esta contradicción en la naturaleza? (11 de mayo de 1824)
domingo, julio 25, 2010
Fernando Pessoa
PLEGARIA
Señor, la noche vino y el alma es vil.
¡Tanta fue la tormenta y la voluntad!
Nos quedan hoy, en el silencio hostil,
el mar universal y la añoranza.
Pero la llama, que la vida en nosotros encendió,
si aún hay vida, aún no está apagada,
el frío muerto en cenizas la ocultó:
la mano del viento puede erguirla todavía.
Venga el soplo, la brisa –o desgracia o ansia–,
con que la llama del esfuerzo se renueva,
y otra vez conquistemos la distancia
del mar u otra, pero que sea nuestra.
Señor, la noche vino y el alma es vil.
¡Tanta fue la tormenta y la voluntad!
Nos quedan hoy, en el silencio hostil,
el mar universal y la añoranza.
Pero la llama, que la vida en nosotros encendió,
si aún hay vida, aún no está apagada,
el frío muerto en cenizas la ocultó:
la mano del viento puede erguirla todavía.
Venga el soplo, la brisa –o desgracia o ansia–,
con que la llama del esfuerzo se renueva,
y otra vez conquistemos la distancia
del mar u otra, pero que sea nuestra.
domingo, julio 18, 2010
sábado, julio 17, 2010
Johann Wolfgang von Goethe
FAUSTO
Devuélveme el impulso sin mesura, la dicha dolorosa en lo profundo, la fuerza de odio y el poder de amor, ¡Devuélveme otra vez mi juventud!
Devuélveme el impulso sin mesura, la dicha dolorosa en lo profundo, la fuerza de odio y el poder de amor, ¡Devuélveme otra vez mi juventud!
lunes, julio 05, 2010
Osip Mandelstam
HUBO OJOS
Hubo ojos más cortantes que una
afilada guadaña
en un reloj de cuco y en una gota de rocío.
Y apenas enseñaron a distinguir en su tamaño
la multitud solitaria de las estrellas.
Hubo ojos más cortantes que una
afilada guadaña
en un reloj de cuco y en una gota de rocío.
Y apenas enseñaron a distinguir en su tamaño
la multitud solitaria de las estrellas.
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